Como la luz de un sueño, que no raya en el mundo pero existe, así he vivido yo iluminando esa parte de ti que no conoces, la vida que has llevado junto a mis pensamientos... Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto cruzar la puerta sin decir que no,curiosear los libros, responder al deseo de mis labios con tus labios de whisky, seguir mis pasos hasta el dormitorio.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, hicimos mil proyectos, paseamos por todas las ciudades que te gustan, recordamos canciones, elegimos renuncias, aprendiendo los dos a convivir entre la realidad y el pensamiento. Espiada a la sombra de tu horario o en la noche de un bar por mi sorpresa. Así he vivido yo, como la luz del sueño que no recuerdas cuando te despiertas. Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.

Proyecciones

Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Foto de Ginebra

No dormitan en sus ramas desnudas los gorriones. Han buscado otro sitio para ese y otros menesteres. El árbol espera paciente la llegada de algún visitante, con alas o sin ellas, alguien que se fije en su aparente insignificancia: es un árbol urbano de talla mediana. Un árbol más de esos que pueblan el acerado de cualquier calle, un ser anónimo en el que nadie repara.
Creo que se subestima, pues a mí me ha llamado la atención su silueta negra dibujada en la pared. El sol de  mediodía en invierno es un gran dibujante a carboncillo, por eso prefiere el monocromo al color...

A su lado transitan los escasos coches del vecindario y le sacan de su ensimismamiento el juego locuaz de unos niños que pedalean en sus triciclos nuevos en la plazuela.
Él, tal vez, lo ignora, pero a su alrededor se engendra vida y, consciente de ello, me acerco y le pido a su silueta deshilachada que baile conmigo.

La sombra se "asombra", se gira, y me contempla burlona. No puede moverse, me dice, ni alejarse de la parte a la que pertenece. No tiene autoridad sobre sí misma, no le ha sido concedida aún la independencia; por tanto aduce "no estar para bailes" y por eso mismo no despego los pies del suelo mientras escucho el ritmo que se aleja airado y pienso: tan importante como el baile es la pareja y si uno no quiere, dos no bailan...

De hogueras

Hogueras en la montaña, Valle del Jerte. Foto de Ginebra

Invierno, tiempo de hogueras en la montaña,como rocío en el océanoMomento de quemar la poda de los cerezos. Invierno o tiempo de nieblas y nieve blanqueando las cumbres.
El humo y la niebla diluyen el paisaje y le confieren un matiz onírico que penetra en el ser por medio de los sentidos, de todos los sentidos.La acción humana sobre el medio, a veces, es estética.

Arde en llamaradas el amor eterno y se convierte en cenizas el impostor ,aquel  que no pudo avivarse porque nadie supo qué hacer con él...

Invierno en la montaña y en el corazón. A lo lejos, un pequeño imperio se desmorona en el mismo instante en el que un niño lanza una botella al río que fluye cerca. Dentro, enjaulada en una cárcel de cristal, yace inerte una mariposa de colores.
Le nombra en sueños y  escribe un adiós definitivo con el humo de estas hogueras.

"Posar o no posar"




La velada. Retratos de Ginebra

 El retrato es, sin duda, el estilo o la disciplina fotográfica que más me gusta, seguramente porque me gustan las personas, en general. Dentro del retrato hay múltiples técnicas, formas de abordarlo o de entenderlo, digamos que podría asemejarse a un micromundo dentro de un enorme universo de posibilidades.

 Huyo de los retratos forzados, del posado como actitud frente a la cámara, de los estudios de fotografía y de los focos y, por supuesto, de los retoques de los que, a mi entender, se abusa constantemente. 

 Cuando quiero hacer retratos, lo primero que hago es intentar  adaptarme a la luz o a la escenografía con la que cuento, la que ha surgido sin prepararla conscientemente, lo que cuenta para mí es el momento en el que fotografío: si es o no el idóneo. Eso es lo que me impulsa a hacer retratos de la gente: lo que fluye entre ellos y yo misma; las escenas que se desencadenan en un tiempo concreto en el que tienes que observar y sentir casi al mismo tiempo. Luego es cuestión de que lleves la cámara encima y tengas ganas de captar lo que has percibido. Si no es así, veo la foto y la almaceno en mi cabeza, la cual, me temo, está a rebosar de imágenes cargadas de música.

"A propósito de los propósitos"

Cazadora. Foto de Ginebra

Propósitos es una palabra esdrújula que funciona como sustantivo y suele acompañarse de un artículo determinado con el que concuerda en género y número (como mandan los cánones) y juntos componen un sintagma nominal: "los propósitos", que viene a significar las intenciones de hacer algo y, que en estas fechas, suele cobrar un significado "revelador", para algunos incluso transcendental.

"A propósito de los propósitos", he de confesar que yo también tengo ánimo o intención de hacer algunas cosas nuevas, mejorar las que ya hago, o insistir más en ciertos aspectos que se me escapan o difuminan sin que sea consciente. Entre estos propósitos que se me antojan, he anotado alguno que puedo confesar: hacer más y mejores fotografías. Es un "enorme objetivo" el que me he marcado e incluso me atrevería a decir que  no exento de responsabilidad.

Una vez prevista esa meta,comenzaré por coger más a menudo mis cámaras y hacer fotos (si mis cervicales me lo permiten). Seguidamente, intentaré hacerlas mejor. Por último  y , sobre todas las cosas, disfrutaré haciéndolas, porque en el fondo de eso se trata: de marcarse propósitos sencillos y que nos reporten satisfacción, se consigan o no. De no ser así, ¿tendrían alguna razón de ser "los propósitos", ¿existirían como sustantivo? ¿significarían algo de verdad?.

"Oficios y beneficios"




Cosas de mi pueblo, bordadoras. Fotos de Ginebra

Si tuviera que elegir algún recordatorio de la infancia, elegiría la visión de las bordadoras y costureras, no porque yo fuera aficionada a este arte de la aguja, todo lo contrario: siempre lo hacía obligada; mi elección se debe, sin duda, al hecho de que a mi madre la recuerdo siempre cosiendo. Nos hacía la ropa a mi hermano y a mí, y nos tejía los jerseys de lana para el invierno. Ella misma se hacía  (y aún hoy se hace) su propios vestidos que, primero diseñaba, y luego cortaba y confeccionaba.Recuerdo los viajes a Plasencia para comprar retales, esas eran y siguen siendo sus tiendas preferidas.

Mi madre, una costurera fantástica, no tenía máquina de coser. Utilizaba esta Singer de la foto, que era de mi abuela y que hoy pertenece a mi prima Marisol (mi madre hubiese deseado que esa máquina fuese suya, entre otras cosas porque era la única que sabía utilizarla, ¡y con qué destreza!, pero las cosas de las herencias no entienden, en la mayoría de los casos, de sentimientos).

La fotografía mental que tengo en la cabeza es, precisamente, el corro de mujeres en cada barrio cosiendo juntas en la  calle durante las lánguidas tardes de verano. Coser y comentar cualquier suceso ocurrido en nuestro pequeño pueblo parecía ser la única actividad vespertina femenina.

Las niñas aprendíamos, quisiéramos o no, "las labores propias de nuestro sexo" como el bordado. Una tortura que experimenté hasta que, por fin, supe reberlarme y decidí no coger más ese inútil y diminuto instrumento llamado aguja. Fue entonces cuando comencé a pasar esas tardes de canícula encerrada en casa, escuchando música o leyendo libros, para disgusto de madre, que no comprendía que "perdiese el tiempo tan tontamente" y que me convirtiese conscientemente en una mujer "sin oficio ni beneficio", como solía decirme.

Las bordadoras de entonces siguen haciendo "sus labores", no en la calle, que era nuestro segundo hogar, sino  en la intimidad de sus casas; y he de reconocer que, con el paso del tiempo y desde mi perspectiva actual, ha cambiado considerablemente mi propio "esquema mental", y es ahora cuando más aprecio su arte y, sobre todo, esa tradición que pervive y que, me temo, será difícil que les sobreviva a ellas.

Personas normales y corrientes

Foto de Mary Maccartney

Las personas normales y corrientes no podemos cambiar los terribles hechos que suceden en el mundo, como la matanza de los más de ciento treinta niños y varios profesores en una escuela de Peshawar en Pakistán, ocurrida hace un día o los escalofriantes datos de la OIT sobre los millones de personas esclavas en este Planeta, muchas de ellas menores de edad.
Estos sucesos y muchos más que no he nombrado, nos llenan de ira y de impotencia, de tristeza, de rabia... ¡de todo!.

Pero las personas normales podemos cambiar las leyes que nos parecen injustas y hacer que nuestra sociedad sea menos egoísta e insolidaria. Esto no cambia en absoluto nuestra sensación de impotencia de la que he hablado en el primer párrafo, pero viene a atenuar un poco tanta injusticia perpetrada por los hombres.

Las personas normales como tú y como yo podemos ayudar cada día con pequeños y con grandes gestos, que  vienen a demostrar que la empatía es un valor innegociable que debe estar siempre en alza, porque, entre otras cosas, es el eje de la convivencia pacífica en torno al cual giran otros valores morales. 

Desear un mundo mejor en estas fechas cuajadas de deseos no deja de ser un "tópico-utópico", pero debemos hacerlo y no sólo eso: estamos obligados a  creer en ello y hacer lo posible porque los cambios se realicen y mejoren la vida de personas anónimas que se merecen algo diferente a lo que les ha tocado en suerte.
¡Feliz Navidad!



"Pequeños" placeres


Suenan graves las primeras notas y el público ruidoso guarda silencio. La instrumentista se abandona a la difícil tarea de afinar las cuerdas y encontrar las notas que compondrán la melodía que ha seleccionado.
El teatro está prácticamente vacío, descansando unas horas hasta que el patio de butacas , los palcos y la grada se llenen de gente, ávida de "teletransportarse" hasta el cielo.
La joven músico ha olvidado por un instante el día que es, la hora, e incluso ha olvidado su nombre. Es el tiempo de la música.


Multidisciplinar. Fotos de Ginebra

Leer o releer un libro. Los pasajes marcados la primera vez que esa historia escrita cayó en tus manos y viajó directamente desde la página escrita a tu corazón. Bañada en la luz que entra por la ventana,  la lectora "pasa página" y en su plácida quietud se concentra en los párrafos marcados a lápiz con una cruz o una estrella, subrayados incluso.
La lectura vs la evasión.