Como la luz de un sueño, que no raya en el mundo pero existe, así he vivido yo iluminando esa parte de ti que no conoces, la vida que has llevado junto a mis pensamientos... Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto cruzar la puerta sin decir que no,curiosear los libros, responder al deseo de mis labios con tus labios de whisky, seguir mis pasos hasta el dormitorio.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, hicimos mil proyectos, paseamos por todas las ciudades que te gustan, recordamos canciones, elegimos renuncias, aprendiendo los dos a convivir entre la realidad y el pensamiento. Espiada a la sombra de tu horario o en la noche de un bar por mi sorpresa. Así he vivido yo, como la luz del sueño que no recuerdas cuando te despiertas. Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.

Una criatura de altos vuelos




Caballos. Fotos de Ginebra

"(...) Pero el caballo era una criatura de altos vuelos  y el cazador, con lógica devastadora, se valió del vuelo para aniquilarlo. Manadas enteras fueron obligadas a arrojarse  desde lo alto del precipicio y, aunque más tarde el hombre  fingió una actitud amistosa, la alianza con él siempre sería frágil, pues el miedo que había originado en el corazón del caballo era demasiado intenso para desalojarlo (...)".

La sala de espera

A babor. Foto de Ginebra

Esperabas en la sala de rayos para que te hiciesen una radiografía. No había nadie, pero la estancia no inspiraba ese ambiente de desolación que suelen tener los hospitales públicos (supongo que a partir de ahora a estos habrá que denominarles "hospitales robados", con todo lo que implica el término).
Las ventanas abiertas dejaban pasar el rumor del viento en las hojas de los árboles desde el patio de enfrente, un complejo antiguo que había tenido muchas funciones y que,en estos momentos, hacía las veces de una especie de orfanato para niños, no sólo huérfanos, también en acogida temporal hasta que su familia biológica pudiese hacerse cargo de ellos. Imaginaste que ahora habría aumentado considerablemente el número de niños proveniente de familias desfavorecidas que son dejados bajo la tutela o custodia del Estado por motivos económicos fundamentalmente.

Pensaste en  los recortes a los centros públicos como ese y te sentiste  triste al  reflexionar sobre las graves consecuencias que eso tendría para los niños y para los trabajadores en plantilla. En cómo habrían notado la escasez de algunas cosas básicas o como harían frente a la impotencia de poder atender debidamente a esos "huéspedes" tan frágiles.
Te dijiste a ti misma que todo eso es una puta mierda, así de sincero, contundente y brusco,:"una puta mierda"...De cómo hemos llegado hasta aquí, a esta situación tan inesperada y tan cruel con los más débiles y ,en general, con todos los trabajadores, los que ahora has oído que llaman "productores", que es lo que somos para ellos, para las grandes empresas que dirigen el cotarro: productores en lugar de seres humanos.

Entre el vaivén de las hojas y el murmullo de la calle, una polilla despistada se coló en la sala de espera. Era bastante torpe y no dejaba de aletear nerviosa, sin poder encontrar la salida.
Entró un hombre mayor en ese preciso momento y la vio. Metió la mano en uno de sus  bolsillos y sacó un pañuelo de papel. Se dirigió a la ventana donde bregaba por escapar la pobre polilla e intentó matarla,aplastándola contra el cristal polvoriento y sucio.
Le dijiste que no lo hiciera. Tuviste que repetírselo al menos dos veces. Le convenciste de que ella encontraría la forma de salir de allí sin necesidad de matarla.
La polilla encontró la salida. Batió sus pesadas alas y voló  hacia fuera, donde esperaba un gato negro que acechaba paciente en el alféizar de la ventana. El "minino" abrió su boca bigotuda y tragó con una agilidad pasmosa  aquel torpe insecto que una tarde se equivocó de rumbo.
Pensaste en un símil, en que parecemos torpes insectos a merced de unas enormes fauces, que nos engullen sin ningún tipo de remordimiento. 


El espejo del pasillo principal

Caminé deprisa porque hacía frío. Hace poco tiempo de eso, un mes escaso, un  día lluvioso y  frío,gélido y desapacible, un día concreto con el que suele anunciarse la verdadera primavera.
Había quedado con una actriz de teatro muy conocida por su dilatada carrera , Asunción Balaguer, a la que tuve el placer de conocer personalmente, de hablar con ella y de escuchar sus ensayos previos mientras hacía unas fotos.
Una anciana entrañable y plena de energía, una señora dulce y educada, de esas mujeres "con clase" a las que se les nota el bagaje,la cultura. Una mujer, sobre todo, que ha vivido innumerables experiencias (entiendo que buenas y malas, de todo lo que entraña el vivir).




Asunción Balaguer en GT de Cáceres.

Esa mañana no era ,en absoluto, la más idónea para hacer fotos a nadie ni a nada, pero fui de todas formas, porque no me apetecía  perderme lo poco que ella quisiera contarme y porque, en el fondo, con una cámara en la mano siempre suelo sentirme bien y disfrutar.

El espejo del pasillo principal, junto a la entrada que hay al lado de las taquilla, es un ornamento "presuntuoso" que lo llena absolutamente todo, pero es magnífico verse reflejada en él (confieso que suelo "darme un repaso" cuando deambulo por ese corredor).
Veo a una mujer menuda y con bastante carácter, eso no ha cambiado, siempre he tenido una idea así de mí misma; pero hay más cosas dentro que no estaban antes y pruebo, me atrevo a encontrarlas, a reconocerlas y reconocerme, desde esa profundidad lánguida que tiene un reflejo propio en un espejo ajeno y grande, como preludio de ese abismo incontrolable que forma parte del ser humano. Y pienso que no llegamos a saber quienes somos en realidad y que quizá sea ese todo el misterio: llegar a saber un poco de nosotros mismos o un algo más de lo que saben y ven los demás...

Autorretrato en el espejo. Fotos de Ginebra

La noche gris

En la oscuridad. Foto de Ginebra



Cierro los ojos y los mantengo así durante un rato. Los abro y vuelvo a cerrarlos. En mi mente aparecen las siluetas de los árboles desnudos detrás del cristal. Juego a memorizar con todo detalle esas imágenes que se me antojan seres sobrevivientes de algún tipo de extraña tormenta que lo ha engullido todo y de la que sólo ellos se han salvado. Voracidad.

Cierro los ojos y pienso en ti. Imagino ese instante que todavía no hemos vivido, ese en el que  tus manos acarician mi piel desnuda y dibujan los árboles de ahí fuera en mi espalda. Tienes el tacto de una brisa leve y fresca en un día caluroso y eso me excita.

Cierro los ojos y vuelvo a abrirlos. La habitación está en penumbra, sólo un breve aliento de luz cenital entra a través de los cristales. Anochece y te has ido. En esta noche gris que me inunda ,trato de inventar la forma de sobrevivir a tu recuerdo.



Vagamos por un tiempo (este fue mi sueño)
Por un largo sendero de la Tierra Muerta,
Dónde sólo las amapolas crecen en la arena,
Aquellas que arrancamos con escasa estima,
Y siempre tristes, hacia una triste corriente
Seguimos avanzando con los dedos entrelazados,
Bajo las estrellas distantes, un camino imprevisto,
La visión de todas las cosas en la sombra de un sueño.

Y siempre tristes, mientras las estrellas expiraron,
Las más extrañas amapolas encontramos,
Hasta que tus ojos cultivaron toda mi luz,
Para iluminarme en aquella hora de cansancio,
Y en su oscurecimiento ninguna conjetura podría
Atormentarme con los días perdidos que deseamos,
¡Después de ellos mis recuerdos fueron destrozados!
(Ernest Christopher Dowson. Noches Grises)

Para bien o para mal...

Joma.Foto de Ginebra


Conste que no me gusta el fútbol, ni lo entiendo ni lo veo, aunque respeto que sea el deporte nacional e internacional, lo he asumido...
Cifras exorbitantes por los fichajes, deudas de los clubes con Hacienda, cortina de humo en los momentos de crisis y en cualquier cuestión importante que tenga que ver con la  política o con lo social; seguidores bien adoctrinados y, si me permiten, en según qué casos "idiotizados". 
Pero alguien ajeno como yo a esta práctica y lo que conlleva, no puede obviar la ilusión de quienes lo practican asiduamente y de aquellos seguidores de un equipo concreto que sufren de verdad con un campeonato como la pasada Liga Europea que ha situado en el Olimpo de los dioses a los sufridores atléticos, entre los que está mi hijo, un futbolista en potencia que se prepara para serlo "en acto" (espero que me retire de la enseñanza a tiempo, tal y como está la cosa, y me exima de una mísera pensión de jubilación a partir de los sesenta y siete).

La tarde prometía: fútbol en las escuelas deportivas;merienda y más fútbol con sus amigos en las pistas municipales del barrio, como cada día; después, la magia: su primera final en una peña de fútbol con su tío preferido,  seguidor de AC/DC y del Atlético a partes iguales,como él (¡menuda cruz!).
La ilusión previa no se tornó en decepción, como les ocurre casi siempre a estos seguidores-sufridores, No, ayer el Atlético de Madrid ganó la Liga Europea.

Su sonrisa era enorme cuando me contaba esta mañana los goles e intentaba describir lo que vivió ayer en la calle. Hoy ha ido al cole con la camiseta del atlético, la misma que llevó ayer y que se ha negado a quitarse en todo el día (he de decir que después del baño, ella solita se ha ido andando hasta la lavadora).

Para bien o para mal, fútbol.

Critico el fanatismo y la "pastilla anestésica" que supone este deporte, el cual mueve masas, esas mismas que no salen a la calle a protestar porque la sanidad y la educación pública estén en "peligro de extinción". Y al mismo tiempo, me emociona la alegría de ver a un niño de siete años disfrutar con un balón, con unas zapatillas gastadas por el uso diario en las pistas deportivas y feliz porque su equipo consigue llegar  alto...
 ¡Quien sabe cuándo volverá a repetirse algo así!


"Cartas de Amor"

La tertulia y el silencio. Foto de Ginebra

"Tal vez estos días de alejamiento que hemos debido aceptar hayan sido  beneficiosos; las cosas muy grandes sólo pueden contemplarse desde la distancia (...) El único silencio que compartimos es aquel que nos permite comprenderlo todo. Los otros silencios  son crueles e inhumanos (...) Siempre he tenido la certeza de que nos hablábamos desde el silencio y que nuestra relación no se debe al tiempo que llevamos unidos, sino a la capacidad que hemos tenido de crecer juntos (...)". 
(Cartas de amor del profeta. Khalil Gibran)

"Sobre el papel"

Lectura escolar. Retrato de César
La lectura, Autorretrato.Fotos de Ginebra

En casa de mis padres nunca hubo libros.Había, siempre lo supe, otras prioridades o cosas necesarias, como decía mi madre, pero no por ello dejé de leer, pues desde que aprendí a hacerlo, ha sido una de mis grandes aficiones e incluso "una de mis adicciones" y siempre encontré la forma de conseguir una historia impresa en papel. Siempre encontré libros y dejé que ellos me encontrasen a mí.
Leía en la pequeña biblioteca del colegio, un aula que se abría únicamente los sábados por la mañana, de nueve a dos. Ese día me levantaba pronto, como si de una jornada escolar se tratase, desayunaba, me peinaba las trenzas "de diario" y salía pitando para estar de las primeras en la cola, antes de que don Ángel (el severo maestro de mates) abriera la escuela.

Los libros sólo se prestaban para el fin de semana, así es que tocaba elegir bien y darse prisa en terminar la historia que cada ejemplar tenía reservada para el lector que lo eligiese (o  quizá para el lector que él mismo elegía desde su lugar único en la estantaría de chapa metalizada).
Alguna vez escondí alguno a sabiendas, cambiándolo de lugar, con el único fin de que estuviese allí, esperándome, el sábado siguiente, ya que sólo  se prestaba un libro por alumno.

También leí todos los  que la tía Paquita traía a sus sobrinas (mis amigas) de Madrid. Solía venir con frecuencia y casi siempre les traía chucherías y algún libro de cuentos con estupendas ilustraciones. Esos regalos me encantaban, aunque no fuesen directamente para mí ; sólo tenía que esperar un poco y llegaban a mis manos como si de  un cofre de los tesoros se tratase.
Recuerdo que los primeros cuentos que vi, con  los personajes que se desplegaban de las páginas cuando tirabas de una especie de base de papel, fueron los que la tía  Paquita traía a sus sobrinas de la capital. Dragones, gatos con botas, casitas de chocolate o cerilleras; toda la fantasía que podía caber en cuarenta páginas o más, plenas de preciosos dibujos a todo color.

Con el tiempo abrieron una biblioteca de verdad en el pueblo, pequeña, pero una verdadera biblioteca y me hice socia. A partir de ahí, hice lo propio en todas las bibliotecas municipales y universitarias de las ciudades en las que he estudiado.
Me siento a gusto en las bibliotecas. Adoro ese recogimiento y los susurros que rompen el silencio casi sagrado  de sus pasillos. Me pierdo entre sus estanterías, removiendo volúmenes, mirando portadas y contraportadas, leyendo las críticas y la primera página que suele ser, no sé el motivo, uno de los condicionantes que me mueven a pedirlo prestado.Por esa razón y por otras muchas, no he llegado a leer libros digitales, no acaba de convencerme su presencia inerte, aséptica, sin olor y sin el lenguaje que tiene el papel cuando se pasan las hojas...


Luego llegó la estabilidad laboral y con ella un sueldo fijo con el que poder vivir y darme algún que otro capricho, como pasear hasta la libería de Marisol con frecuencia, para ver las novedades literarias y comprarme y regalarme (que no es lo mismo, aunque parezca igual) alguna cosa interesante.
Cada año, por abril, llegan las lluvias, las flores y la feria del libro. Este año he comprado varias novelas, entre ellas una de segunda mano en buen estado y a buen precio, dos ejemplares  descatalogados  y tres novedades, dos de ellas del mismo autor.

Me hubiese gustado escribir alguna vez una novela, pero me siento incapaz de hacerlo. Soy consciente de la dificultad que ese trabajo entraña y no esoy a la altura, por eso mismo prefiero leer lo que otras personas tienen que contar. 
Cada vez que uno abre un libro en la intimidad de su cama, en la consulta del dentista, en el autobús o en otro cualquier sitio,  se hace un receso en la propia vida, se aparca, y uno se abre a otros mundos, a otras historias ajenas que adopta como suyas.
Cuando abro un libro, me adentro en la intimidad de aquel que lo ha escrito y se teje un hilo  invisible y mágico que nos une al autor y al lector, por un espacio de tiempo concreto o para siempre, porque hay libros inolvidables que forman parte de nosotros.

Esta preciosa historia animada es un regalo de nuestra amiga Gaby, me pareció precioso y quería compartirlo con todos "los lectores" de este blog".