Como la luz de un sueño, que no raya en el mundo pero existe, así he vivido yo iluminando esa parte de ti que no conoces, la vida que has llevado junto a mis pensamientos... Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto cruzar la puerta sin decir que no,curiosear los libros, responder al deseo de mis labios con tus labios de whisky, seguir mis pasos hasta el dormitorio.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, hicimos mil proyectos, paseamos por todas las ciudades que te gustan, recordamos canciones, elegimos renuncias, aprendiendo los dos a convivir entre la realidad y el pensamiento. Espiada a la sombra de tu horario o en la noche de un bar por mi sorpresa. Así he vivido yo, como la luz del sueño que no recuerdas cuando te despiertas. Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.

Lejos: el infierno

Robles y niño. Foto de Ginebra
Dos robles centenarios franquean la entrada de la finca. Han tenido suerte y se han salvado de una tala segura. Doy gracias por ello, pues son esfinges protectoras, seres  rotundos que emanan esa placidez que envuelve  todo el espacio. 

Juan corretea por un sendero que conoce a la perfección, puede trepar las lindes con los ojos cerrados, subir y bajar, correr o buscar la fuente para beber su agua clara.
Ha dormido en el chozo de piedra que construyó su abuelo, el cabero. Para él es una acampada, una aventura, mientras que para el viejo era una obligación y una forma de vida: dormir en la piedra durante las noches de verano en las que debía cuidar  sus cabras. A todas les asignó un nombre. Todas obedecían a un simple silbido o al ladrido del perro guardián.

A Juan le gusta el campo más que la escuela, aunque es un alumno aplicado que saca buenas notas. Vive una infancia feliz que nada tiene que ver con la desdichada existencia de otros.
A Juan nadie le robó la vida, las horas de juego, nadie le arrebató esa despreocupada alegría de concentrarse únicamente en el gozo de la niñez.

Las montañas vigilan sus movimientos. Son sus ángeles protectores. Nos observan calladas e impávidas, inamovibles en su volumen, inaccesibles en su grandeza.
Todo aquí es limpio, equilibrado, brillante, laxo, delicado y perfecto. Lejos:el infierno.

"Enredos"

Enredada. Foto de Ginebra
Al principio soñaba porque pensaba que era la forma más natural de que los sueños o anhelos se hicieran realidad. Ahora estoy completamente segura de que esto no sucede así, pero le cogí el gusto a "eso de soñar" y se me hace difícil dejar de hacerlo. Más que soñar, lo que hago ahora es imaginar que las cosas podrían ser de otro modo. La Imaginación.

La realidad puede ser una  maraña que trata de asfixiarnos. Cada día vemos la injusticia en las portadas de los periódicos, retratada en imágenes de caras de niños hambrientos y tristes, de cadáveres flotando en el mar, de una guerra que no se termina nunca, de violentos e intransigentes fundamentalismos. Cada día nos topamos con el imbécil de turno que tenemos más cerca: en el trabajo, en la comunidad de vecinos, en la consulta del médico... Tenemos que lidiar con el inepto que nos dirige y que zarandea nuestra existencia con una decisión equivocada y cruel que nos daña y rompe nuestros esquemas. La injusticia.

La vida puede ser tortuosa y difícil un día, y al siguiente mostrar una sonrisa inocente. Es tan bonita, dicen, como sinvergüenza.
Hoy vivo como puedo o como me dejan, pero siempre he soñado como me ha dado la gana. Ni sé  ni quiero hacerlo de otro modo. La libertad.

Extiende tus manos

Foto de Ginebra

Extiende tu mano sobre mi rostro y cólmalo de caricias
Balancea los dedos en el claroscuro del cuarto y átame con tus palabras.
Inventa una nave de cáscara de nuez y naveguemos hacia un mar de la lujuria.
Luego, bucea y explora lo que quede de mí.
Ayúdame a revolver entre los secretos de este corazón.
Dibújame flores con sombras chinescas y ponlas a mis pies.
No te marches cuando se ponga el sol.
Bebamos el tiempo a sorbos hasta que nos sorprenda otro amanecer.
Crucemos todos los puentes que nos separan, hoy, mañana,
y cualquier día que venga después.

Tatareando una de Billie

Gato en la ventana. Foto de Ginebra
Recorro el exterior del palacio y su laberíntico diseño  me conduce directamente a un precioso claustro que imita la arquitectura renacentista del siglo XVI. Apoyado en el alféizar de una de las ventanas acecha un gato con modales de centinela que no se fía de la presencia de un humano parapetado con un artefacto que hace clic.
Me mira desconfiado y altivo y ,al principio, le respondo con una mirada similar, aunque consigo acercarme, retratarle e incluso brindarle una caricia. Se queda quieto y me permite que le toque las orejas y le rasque la nuca y la cabeza.

Me alejo tatareando una de Billie que queda prendida en el pico de un pájaro. Volando se lleva esa melodía hacia las nubes y se la entrega al viento con un mensaje implícito que sólo él sabe interpretar.

La lluvia me sorprende atravesando el portalón de entrada y salida. Guardo la cámara en la mochila y abro el paraguas plegable.Me sonrío a mí misma por haber sido tan precavida. Bajo la calle deprisa, al compás de las gotas que se rompen en el adoquinado de la acera. Huele a café en la pastelería de Eloísa. Huele a café y a bollos de chocolate con nata en la pastelería de Eloísa. El mundo se detiene en este sitio y en este instante, y yo me detengo con él.

Túneles

Bosque de Bambú, Kioto, Japón.

arces en Oregón, EEUU

Jacarandas de Pretoria, República Sudafricana

Túnel del Amor, Ucrania

Túnel Oscuro, Holanda
Túneles vegetales. Getty Images

Finca de cerezos en flor.El Torno, Valle del Jerte. Foto de Ginebra

En el sendero
huellas de algún extraño,
tal vez yo mismo
(Al Bert)

Árbol de otoño
tus hojas se han ido
te queda el viento
(Carlos Fleitas)

Nos separamos
y ahora me quedo solo
a la sombra del árbol
(Masaoka Shiki)

En el ocaso
canta un jilguero en sus ramas
y baila una mariposa
(Maribel Blanco)

Azul hipnóptico


Una mujer sentada en un banco mira el mar bajo un plomizo cielo gris. Me parece salida de la canción de Serrat, "Penélope", ahí sentada esperando a un amor de juventud. Pero no. La mujer sentada no espera a nadie, quizá ni siquiera espere nada. Sólo piensa y se deleita con el paisaje que tiene delante, un paisaje bravo debajo de esa aparente calma. Un espacio inmenso y lejano al que no alcanza la vista.

Ha tenido experiencias vitales porque se ha hecho mayor, por eso parece haber perdido la capacidad de sorprenderse, aunque a veces lo consigue.
Algunos días viene a este banco, aquí la traen sus pasos cansados y su sobrepeso. Si se acuerda, suele traer una bolsa con migas de pan para echarle de comer a las gaviotas.Le gusta este gesto tanto que se diluye en él y todo se detiene en un instante en el que solo existe ella misma.

Mirando el mar (reposiciones). Fotos de Ginebra
Una mujer joven mira el mar desde el alféizar de un gran ventanal. Oye el ruido de las olas al romper en las rocas y huele la bruma salada que envuelve el mirador.
Hay días en los que su pensamiento viaja lejos y le resulta difícil poner orden en su cabeza. Es entonces cuando se sienta en el alféizar de esta ventana y pierde su mirada en ese azul hipnótico. Así pasa las horas, sin hacer nada más.
Guarda en su interior fantásticos secretos, como cofres piratas de una goleta hundida en alta mar.

Flores desde mi ventana


Nos regalan una belleza visual, colorida y geométrica, aunque carecen de olor (no se puede tener todo, cómo dirían algunos), los conocemos porque son un símbolo de los Países Bajos y forman parte de uno de los motores de su economía: el cultivo y la exportación de tulipas o tulipanes, como solemos denominarlos.



Este tubérculo no es originario de Europa, si no que proviene de Asia Central y Oriente, algunos estudios indican que pudo llegar a Europa a través de Al-Ándalus durante el siglo XI, aunque esta teoría aún no está muy clara, sí se sabe que debe su nombre a la palabra turca "tülbend"que designaba los turbantes de la nobleza por la semejanza de sus formas con la de esta flor cuando aún no ha abierto sus pétalos.
El tulipán, no en vano, también es un símbolo de países como Irán o Turquía.


La estación recomendable para su siembra es otoño o principios de invierno. Se debe enterrar el bulbo y proporcionarle los cuidados que requiere: riego sin encharcamiento, abonado y aireado de la abundante tierra, luz natural y bajas temperatura. Es una flor de exterior, apta para jardines y/o macetas. Nos ofrecen su flor en febrero o marzo, según las variedades cultivadas y, junto con la flor de almendro y alguna otra, son el preludio de la floreada primavera, que,desde mi punto de vista, encuentra su culmen con la floración del cerezo en el Valle del Jerte; primavera que sufren los alérgicos y gozan los amantes de las flores que no padecen ese molesto trastorno.


Los tulipas de mi ventana. Fotos de Ginebra

Lejos de ser mi flor preferida, he de confesar que siempre entierro algún bulbo por el simple placer de ver crecer su tallo y observar como se abren sus pétalos coloridos en estos días invernales. Me entusiasma tumbarme a leer y mirarles a través del cristal. Al fondo, como veis en la fotografía, se diluyen la copa de los árboles, las nubes, los pájaros y algún que otro avión que dibuja su estela.

Estos músicos también nos ofrecen color y ritmo en muchas de sus canciones. Una banda diferente que me parece una delicia.